Este lunes 2 de Octubre pasado se celebró el día de los encargados y encargadas de edificio, esa presencia constante y amable que vemos al entrar y salir de nuestros hogares, que a veces puede llegar a ser subestimada y poco valorada.

Hay que tener bien en claro que los encargados no son personas que sean simples controladores de entradas y salidas o una presencia más en el hall del edificio. Además de limpieza o mantenimiento, realizan un conjunto de tareas esenciales para el buen funcionamiento del consorcio y para una fluida comunicación y convivencia entre los vecinos y con el administrador. Su día se instituyó para celebrar y reconocer este oficio, mismo día en que se creó el Sindicato Único de Encargados y Ayudantes de Casas de Rentas.

Para conocer y valorar el rol de los encargados, puede llegar a ser un ejercicio interesante ponerse en la piel del otro un rato y buscar saber qué es lo que más disfrutan de su trabajo, lo que les produce satisfacción, aquello que los motiva cada día y también lo que les resulta difícil o lo que ven como aspecto negativo de su tarea:

Nadia, de un edificio en plena Hipólito Yrigoyen, declaró estar sumamente satisfecha con su trabajo y que la había “pegado con el edificio”. Resalta que el trato con la gente es “excelente”, y como un plus, que no pasa Navidad sin que tenga al menos 20 regalos de los vecinos. Sólo a veces puede quejarse, de algunas actitudes de las personas, que pueden llegar a ser irrespetuosas o desconsideradas, pero aclaró que es definitivamente algo que sucede con poca frecuencia.

Por su parte, Lisandro, encargado de un edificio sobre la Avenida Colón, en el corazón de Alberdi, contabiliza que hace nada más y nada menos que 16 años que se desempeña en este oficio y que tiene una relación casi de familia con los consorcistas. Atento, pone pausa a sus tareas para acercarse a abrirles la puerta y los saluda con un gesto de cabeza distintivo y cálido. Después de pensarlo un rato, reconoció que lo que lo desalienta un poco es la rutina, como la de esas tareas de limpieza que realiza todos los días igual, sin ninguna variación.

Finalmente, Cristina, quien trabaja en un edificio casi llegando a Ciudad Universitaria, dijo que le gustaba “que todo estuviera perfecto” y como sus compañeros, relató entusiasmada que ama la parte social de su trabajo, crear y mantener buenas relaciones con los vecinos y ayudarlos en todo lo posible. Como único aspecto malo, solo pudo decir entre risas que no le gustaba levantarse temprano, pero que se valora su esfuerzo de levantarse muy temprano y recorrer una larga distancia en el inconstante transporte público para llegar puntual a su trabajo.

¡Felíz día a todos!

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