Las modalidades de los ladrones son variadas, y ante la probable inevitabilidad de estos ataques, los vecinos deberán modificar hábitos y costumbres.

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“No estamos seguros en ningún lado” es la triste sentencia con la que algunos vecinos de zona sur deberán vivir, aunque se hayan mudado a un barrio con seguridad, aunque abulten sus expensas con honorarios de vigiladores y a pesar de que en la última reunión de copropietarios, hayan dispuesto comprar nuevas cámaras de registro electrónico.

Es que, en los últimos meses, se sucedió una ola de asaltos y robos tanto dentro de barrios cerrados de la zona sur de la ciudad de Córdoba como así también en calles públicas que los conectan.

Las modalidades son variadas. Los vecinos denuncian arrebatos de ladrones que atacan desde una motocicleta, hurtos en el interior de los domicilios cuando los habitantes no están y embates a punta de pistola.

Recientemente, se conoció el violento asaltó que sufrió una familia del country “Barrancas”, de Jesús María mientras cenaba. Los ladrones, vulneraron el cerco perimetral y rompieron la puerta de la vivienda. Reclamando dinero, balearon en el tórax al padre de la familia y rozaron con otro disparo a un vigilador que intervino.

Otro ataque a tiros, sufrió esta semana el reconocido bailarín Hernán Piquín, cuando intentaba ingresar a la casa que habita en el barrio privado “La Lonja”, en Pilar (Buenos Aires). Los ladrones habían atado a los guardias y les exigieron datos de los propietarios, respecto a quién podría tener más dinero en sus viviendas.

Pese a los esfuerzos de los administradores y consejos de propietarios, los countries no consiguen asegurar la protección de sus habitantes, ni la seguridad policial interviene infaliblemente en la prevención del delito. Otra vez, lo vecinos deberán ser ponderadamente cautos y despojar de sus viviendas las joyas, reservas de dinero y demás objetos de extremo valor.

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