Aunque el aumento salarial que finalmente se acuerde resulte razonable para los encargados de edificio, no puede seguir ocurriendo, entre otras cuestiones, que esa cifra sea un porcentaje genérico: los edificios con más unidades habitacionales terminan abonando un elevado porcentaje y los edificios con pocos departamentos asumen costos exorbitantes que en ambos casos muchos propietarios e inquilinos ya casi no pueden afrontar.

“En la ciudad de Buenos Aires se logró y superó una de las metas más ambicionadas por el sindicalismo: poder ser parte relevante en el control de la gestión de los empleadores (los consorcios), como también en la evaluación, juzgamiento y sanción de los representantes legales de esos empleadores (los administradores). La ley fue lo que materializó este anhelo, que es aceptado en silencio por la mayoría de los propietarios e inquilinos, al desconocer sus consecuencias legales y económicas”, escribió el lector Rafael Gustavo Gallego, al resumir el padecimiento de los dueños de departamentos.
Una de las críticas más justificadas por las asociaciones de consorcistas tiene que ver precisamente con ese punto. No es razonable que los administradores no negocien beneficios para los copropietarios cuando firman las paritarias, supuestamente en representación de los consorcistas. El gremio de los encargados ha ido sumando rubros, como pagos extras a cambio de contraprestaciones que escasamente se cumplen. A eso hay que sumar que un consorcio no es una empresa ni genera ganancias, por lo que cualquier incremento en el valor de las expensas debe ser debidamente analizado.

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