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Fiestas non stop en el SUM, que es más barato

Coterránea comenzó a escribir sus páginas 20 años atrás y, desde entonces, aborda esta temática. Intendentes y administradores de countries y edificios manifiestan que en los últimos meses, los jóvenes prefieren utilizar el SUM de sus barrios los fines de semana en vez de salir a boliches, causando ruidos molestos y disturbios. ¿Cómo actúan los administradores?

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El intendente de un barrio cerrado de Valle Escondido no encuentra soluciones. Entre sus colegas, consulta si los reclamos por ruidos molestos están presentes en su agenda cotidiana. La respuesta no lo sorprende ya que este tópico no se detiene ni con el tiempo ni con las multas.

Luis Acosta (el entrevistado solicitó que no utilizáramos su nombre real así que estamos un seudónimo) es intendente desde el 2016 en un importante country de Valle Escondido. Desde su experiencia diaria, Luis expresó: “Todos los fines de semana recibo por las noches un llamado de parte de la guardia del barrio, avisándome que ante el llamado de un vecino, se presentó la Municipalidad en el SUM. Esta decisión la toman aquellos que ya se cansaron de sólo avisarnos a nosotros, por lo que deben acudir a entes gubernamentales o incluso a la policía”. Luis, a pesar de escudarse con el reglamento de uso de los salones de usos múltiples y aplicar las sanciones correspondientes, no logra que los residentes que hacen uso del SUM respeten los decibeles máximos: “al ser en un barrio alejado del bullicio permanente de la ciudad, el ruido se oye fuertemente en absolutamente todo el barrio. Los chicos utilizan el espacio como boliche ya que además de ser más económico, están en un ambiente en el que ellos controlan la música y a los invitados. Por esto, es muy difícil lograr que no hagan uso de equipos de música de alta capacidad”.

En el sector de las comunidades verticales, Jorge Brandalice es el encargado de un edificio en Nueva Córdoba en el que viven más de 800 personas. Además, se permite la tenencia de mascotas. El inmueble posee un quincho y un salón de usos múltiples, además de otros amenities. Jorge explicó: “por lo general se piensa que el problema de un administrador de un edificio en el que residen tantas personas son los conflictos por mascotas. Por el contrario, los animales no representan ningún inconveniente. Sin embargo, sí es un tema de mi agenda el controlar que la gente que hace uso del SUM no lo utilice como una discoteca ya que esto implica que al final de la noche deambule gente que no reside en el edificio por los palieres y haciendo desastres, como vomitar u orinar los ingresos a los departamentos. Los residentes están muy enojados. Y a pesar de que sancionamos económicamente y evitamos el uso por dos semanas de estos espacios, las situaciones conflictivas se reiteran. Lamentablemente, debe intervenir la policía”.

Tanto Luis como Jorge se encuentran en un arduo trabajo: la revisión y edición de los reglamentos de todos los espacios comunes. Ambos concuerdan con que los vecinos de sus comunidades, al abonar expensas, “creen que tienen el poder de usar y maltratar los espacios”. Conciben que con un cambio de horarios o de aumento del valor de las sanciones económicas, los vecinos se moderarán en las fiestas. Sin embargo, para otra administración, la solución fue diferente.

Valeria trabaja en la administración Avalle, que gestiona edificios ubicados en el centro de la ciudad y Nueva Córdoba. Ella nos comentó: “Administrábamos un edificio extremadamente conflictivo en la calle Independencia. Los vecinos utilizaban la terraza –a pesar de que no se puede utilizar como amenitie- para realizar fiestas hasta altas horas de la madrugada. Incluso, como tenían conocimiento de que se avecinaba una multa, cobraban a sus invitados una especie de “entrada” con el fin de recaudar fondos y abonar posibles multas. La solución, en nuestro caso, fue instalar cámaras de seguridad en palieres y en la misma terraza. Al poder identificar a los residentes de las unidades que ocasionan los problemas, tuvieron miedo de constantes sanciones y –afortunadamente- las fiestas cesaron”.

La realidad, para Jorge, Luis y Valeria, es que deben lidiar semana a semana por la falta de conciencia y respeto de los vecinos. A pesar de que el Código Civil y Comercial de la Nación establece que “las molestias que ocasionan el humo, calor, olores, luminosidad, ruidos, vibraciones o inmisiones similares por el ejercicio de actividades en inmuebles vecinos, no deben exceder la normal tolerancia teniendo en cuenta las condiciones del lugar y aunque medie autorización administrativa para aquéllas.” (art. 197 CCyC), y las normas explícitas de los reglamentos de espacios comunes y/o internos, los residentes de estas comunidades prefieren abonar una multa. ¿Será la solución establecer un horario de uso únicamente diurno o es, efectivamente, un problema que no terminará?