Entre la molestia y el acoso: el peligroso blocking

por | 21 Sep, 2018 | Consorcios

La semana pasada fue dedicada al conflicto vecinal. Hoy, pasamos a otra instancia: el blocking, el punto de acoso por parte de un vecino que intenta dañar a otro.

Dentro de las diferentes figuras del acoso, en los últimos tiempos se está comenzado a hablar del acoso vecinal o ´blocking´. Se diferencia de lo que puede ser una mala relación entre vecinos, dado que en la primer caso se presenta claramente un acosador-acosado y la clara intención de dañar al otro mediante diferentes medios.

Casos que recibieron algunos administradores

“Mi vecino del lado tiene una terraza en el primer piso (vivo en un edificio de diez). Cansado de que arrojaran huevos y colillas de cigarrillos a su casa, salió y empezó a gritar barbaridades y se animó a un ‘¡Los voy a matar a tiros a todos!’. Capaz lo hizo en un acto irracional, pero los vecinos estamos asustados”.

“Hola! Hace tiempo tengo un conflicto con mi vecino. Me ha amenazado a mí, a mi esposa e incluso a mi hijo mayor. Sin embargo, el problema llegó a su límite cuando ingresó a mi propiedad e insultó a los constructores que se encuentran al fondo de mi lote. Espero que desde la administración puedan hacer algo”.

“Estimados: ¡Buen día! Tengo un vecino en el piso superior al mío que habitualmente arroja objetos a mi balcón que van desde alimentos a cosas desagradables. Tengo miedo que algún día arroje algo que pueda hacerme daño. Intenté hablar con él pero no hubo caso. Ya no sé qué hacer!”.

Agresiones sutiles, no ser saludado o ser ignorado cuando uno habla, rayones en el auto o la puerta de la casa, romper y cortar plantas del jardín, agresión física y psicológica, entre otras, forman las acciones llevadas a cabo por un acosador.

La psicóloga Laura Paiva (MP. 8258), describió la figura del acosador como un sujeto de rasgos psicopáticos de personalidad. “Son personalidades narcisistas, carecen de empatía y presentan conductas agresivas y antisociales. Buscan satisfacción en una posición de poder ante otro y satisfacen sus impulsos agresivos dirigiendo dicha agresividad, en este caso, contra un vecino”, remarcó.

Por otra parte, Paiva comentó que desde una posición psicoanalítica hay que tener mucho cuidado con catalogar como “victima” al acosado, “aunque desde el sentido común lo sea”.

En su descripción argumenta que, desde el plano inconsciente, el acosado puede ubicarse en esta posición de ser agredido y por eso que el objeto del acoso no es “cualquiera”, si no aquel vecino que muy hábilmente el acosador detecta que no tendrá la facultad de correrse de tal posición.

Desde el plano judicial, el abogado José Fernández (MP. 1-35004) explicó que el acoso vecinal no está tipificado como tal en el sistema normativo argentino y destacó que en nuestra doctrina jurídica es muy difícil encontrarse con que a las situaciones entre vecinos se las denomine de esa manera.

“En nuestro sistema normativo si tenemos la tipificación de ciertas conductas que pueden resultar de determinados conflictos entre vecinos: amenazas, lesiones o agravios que pasan a la violencia”, indicó.

Ante la consulta sobre que acciones judiciales puede efectuar una persona que está siendo acosada por un vecino, Fernández dijo que las vías pueden ser dos: civil o penal.

Desde la última reforma del Código Civil y Comercial, se acoge bastante la cuestión referida a la relación entre vecinos, tratando de preservar primordialmente la buena convivencia y armonía entre todos.

Ante estos hechos, la persona acosada puede presentar una denuncia intentando una reparación en el campo del derecho civil.

Para entender cuando recurrir al fuero penal, hay que comprender los rasgos característicos del acosador y los riegos que corre una persona ante la amenaza de estos sujetos.

Laura Paiva explicó que, desde la mirada psicoanalítica, cada ser humano posee el impulso de muerte (categoría propuesta por Sigmund Freud) y que cada persona busca satisfacer. “Es un impulso de destrucción que buscará un objeto a destruir buscando placer. En lo referido al acoso vecinal, será el vecino”, expresó.

Pavia comentó que estas conductas pueden tomar la forma de acosos de tipo sexual que indican el deseo de posesión del objeto, o agresiones desde morales, verbales hasta en algunos casos físicas tendientes a un objetivo: que el vecino termine mudándose. “No es una elección azarosa, dependerá del caso, pero el objeto será idealizado y deseado por el acosador o este intentará eliminarlo para tomar su lugar”, finalizó.

Por su parte, Fernández aclaró que cuando el acosador presenta una conducta psicópata, el acosado debe realizar la denuncia en la dependencia judicial correspondiente y solicitar las medidas de protección que estén a su alcance.

“La primera de ellas es la restricción. Los órdenes de la gravedad de las medidas a tomar, van a estar en consecuencia por las actitudes desplegadas por el acosador y también por las pruebas que puede presentar la víctima”, explayó el abogado.

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